lunes, 13 de octubre de 2014

Queremos un Museo de verdad

Siguiendo la línea de artículos anteriores (“La Harinera del Guadaíra: museo del derroche alcalareño”, “Andaluces de Alcalá ante la política cultural alcalareña”, “La ruta de Washington Irving es una columna de humo a su paso por Alcalá”), Andaluces de Alcalá denuncia la mala gestión de la cultura en nuestra localidad. En esta ocasión planteamos una serie de cuestiones acerca del Museo de la Ciudad, el cual no cumple con los requisitos mínimos para ser denominado “museo” y aporta una visión muy pobre sobre lo que para nosotras y nosotros significa nuestra ciudad.


¿Un pueblo con una Historia insignificante?
El Museo de la Ciudad de Alcalá de Guadaíra inauguró en mayo y clausura en octubre la exposición denominada “Historia de una torre”, en la que se explican las sucesivas remodelaciones sufridas por la torre de la iglesia de Santa María del Águila. En el panel de introducción a dicha exposición podemos leer lo siguiente: “La historia local no consiste en un conjunto de anécdotas o vivencias de rango menor, es también la manera en que los grandes acontecimientos nacionales o internacionales dejan su huella en los pueblos y ciudades”. Es una afirmación que da mucho que pensar. ¿De verdad consideran los políticos de Alcalá que nuestra historia está sencillamente hecha bien de situaciones cotidianas baladíes, bien del reflejo de lo que ocurre fuera? ¿Acaso no tenemos una historia propia compleja que ha evolucionado de manera particular y ha resultado en la singularidad de nuestro pueblo? Quizás piensan eso, y quizá por esa misma razón en Alcalá tenemos probablemente el único museo del mundo que no pretende mostrarnos la huella de la Historia, la cual se muestra a través del patrimonio que llena todos los museos.

¿Un museo dedicado al presente?
El ICOM, la mayor institución a nivel mundial que agrupa a todos los museos del mundo, estableció en sus estatutos de Viena en 2007 la siguiente definición: “Un museo es una institución permanente […] que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” Nuestro museo, el Museo de la Ciudad de Alcalá, fue inaugurado en noviembre de 2005 y se encontraba dotado de la Colección Arqueológica Municipal, la Colección de Pintura Taurina "Legado Conde de Colombí" y la Colección Municipal de Artes Plásticas. Sin embargo, no pensemos que iba a ser un museo al uso, un museo de toda la vida, tal como describe el ICOM. Quizá los políticos alcalareños pensaron que eso era poco ambicioso. Ya en la presentación oficial de nuestro Museo se aseguró lo siguiente: “El museo debe dedicarse a la interpretación del presente y su transformación, más que a la exaltación del pasado, por mucho que parezca indicar lo contrario el hecho de sostener su discurso principalmente en objetos o piezas artísticas de épocas anteriores”. A algún brillante pensador (o pensadora) alcalareño se le ocurrió que en nuestro museo, pagado por todas y todos, no era necesario hablar de nuestro pasado, sino del presente y el futuro. Está claro que, para nuestros gobernantes, la historia local no es una prioridad. Tardaron cerca de siete años en dotar al museo de una exposición permanente sobre la historia de nuestro pueblo: en marzo de 2012 se abrió la sala permanente de Geología y Paleontología y en enero de 2014 “Alcalá en la Prehistoria”. Aún así, como vemos no se trata de salas que aborden precisamente la historia, sino la protohistoria, es decir, la historia antes de la invención de la escritura y el modo de vida moderno.

¿Esto es un museo o no lo es?
Esta es la cuestión. Si nuestro museo no pretende difundir nuestro patrimonio, sino exponer de forma rotatoria obras actuales de todo tipo, ¿entonces qué es? Si lo que se quería para Alcalá era un centro cultural con exposiciones y actividades múltiples al estilo Centro Georges Pompidou de París, algo verdaderamente contemporáneo, al grandioso estilo de los de fuera, de los que siempre parece que lo hacen todo mejor que nosotros, podrían haberlo hecho y haberle puesto un gran nombre. O podrían sencillamente haber dado un mejor uso a las salas de la maltrecha Casa de la Cultura, que ahora ve incluso cerrada su biblioteca. O haber puesto en uso los distritos locales y haber acercado la cultura a la ciudadanía a través de múltiples exposiciones temporales.

Nuestro museo no es, por tanto, un museo. De museo sólo tiene el nombre. Existen en nuestro país museos de bellas artes, de arqueología, museos de ciencias, museos del mantecado, de las miniaturas, de arte ecuestre, ecomuseos, museos del aceite de oliva, museos del anís, del vino de Motilla, museos etnográficos… El nuestro es el “Museo de la Ciudad”, a secas, y no tiene temática, será probablemente el único museo de Andalucía que no tenga un argumento museístico concreto. ¿Y qué significa esto? Que es un lugar con un discurso vacío, y no creemos que sea por casualidad. Si, tal como expresan en términos tan modernos los responsables de la cultura de nuestro pueblo, el museo debe ser fuente de identidad local, deberíamos estar viendo expuestos en el Museo de la Ciudad restos arqueológicos de Gandul y deberíamos estar hablando de tradiciones y patrimonio inmaterial e industrial, como la industria del pan. ¿Dónde queda la fundamental recuperación o conservación de la memoria? Se trata precisamente de mostrar el patrimonio como excusa para recordar nuestro pasado común, nuestras tradiciones y costumbres, donde todos los alcalareños y alcalareñas somos protagonistas. Se trata de que en nuestra comunidad los jóvenes conozcan el pasado para comprender su presente. Pero no. El Museo expone fósiles y paisajes. Expone también una lápida que conmemora la muerte de un inglés muerto por calentura en 1812. Claro: según el discurso de nuestros gobernantes la historia local se pone en valor sólo cuando los de fuera la miran.


            Como conclusión, Andaluces de Alcalá exige a nuestros gobernantes que se tomen en serio el patrimonio de nuestro pueblo, puesto que en él estamos nosotros mismos. Exigimos que el Museo sea un lugar de comprensión de nuestro pasado, desde la Prehistoria hasta la actualidad, pasando por la ocupación romana, la etapa musulmana, y llegando hasta la industrialización, la Guerra Civil y la desindustrialización. Deseamos que sea un museo comprensible, con contenidos a los que los alcalareños nos sintamos cercanos y que se recupere, catalogue, estudie, conserve y exponga el enorme patrimonio arqueológico del municipio, cuyo paradero sigue siendo una incógnita. En resumen, pedimos un verdadero museo.

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