lunes, 19 de mayo de 2014

Europa, Europa

El sistema en que la Unión Europea tiene inmerso a sus pueblos, y por extensión a Andalucía y Alcalá, no sirve a los intereses de su propia ciudadanía. En palabras del economista Manuel Delgado Cabeza, el capitalismo es el sistema de la muerte, por lo que los cambios que necesitamos son, más que necesarios, vitales. Unos cambios para transformar nuestro futuro pero sin reproducir el presente, puesto que éste es un presente que no tiene futuro. Que no tiene, al menos, futuro humano, ya que a estas alturas es ya más que palpable que al sistema le sobramos, físicamente, casi la mitad de la población mundial.
Ya en 1914 Blas Infante, en su obra Ideal Andaluz –de la cual celebramos ahora sus 100 años-, decía que para la “restauración de Andalucía” ésta necesitaba un remedio económico, una orientación política, un plan cultural, una dirección espiritual y una fuerza que “la apostole y salve” (hoy diríamos que conciencie y avance en todo lo anterior). Hoy, cien años después, Andalucía continúa con las mismas necesidades. Por eso se hace necesario retomar la política por parte del pueblo, retomarla además desde el territorio, desde la base, siempre de abajo-arriba. Y para ello hay que crear pensamiento crítico, desde abajo y desde la izquierda, como alternativa creíble al imperio del “pensamiento único”, o “pensamiento cero”, como ya hace tiempo se refiere el antropólogo Isidoro Moreno.
No solamente porque Andalucía no esté nuevamente encima de la mesa en ninguno de los debates electorales ni de los programas de las diferentes candidaturas, sino porque estas próximas elecciones al pseudo-Parlamento europeo son una auténtica estafa a la democracia, ya que las escasas competencias legislativas que tiene la Eurocámara están supeditadas a la Comisión Europea y el Consejo de la UE, ninguno de los cuales son democráticos ni elegidos en elecciones ningunas. Si no, fíjense cómo ninguno de los programas electorales prometen aprobar ni cambiar ninguna ley. Simplemente no pueden.
Esto se refleja además en el poco respaldo que la ciudadanía ha dado siempre a estas elecciones: por ejemplo, desde 1999 y en el conjunto de la UE, la participación ha sido siempre inferior al 50%, siendo en 2009 sólo el 43% de media, e inferior al 50% en 18 de los 27 países miembros -actualmente 28 con la incorporación de Croacia en 2013-[1].
Se hace imprescindible re-politizar lo social, más allá del marco del Estado y de los partidos y las elecciones, y romper con la dinámica que impone la Constitución de 1978 que impone la participación política ciudadana sólo desde los partidos, sustituyendo claramente Democracia por partitocracia.
Como ejemplo de este empoderamiento ciudadano podemos poner el caso de la Plataforma Ciudadana en defensa de la declaración como Patrimonio de la Humanidad de la Mezquita-Catedral de Córdoba, que, impulsada por miembros de Asamblea de Andalucía, ha conseguido reunir cerca de 150.000 firmas para intentar impedir la apropiación de este bien público andaluz por parte de manos privadas, en este caso la Iglesia Católica[2].
La nueva política y las nuevas soluciones a los problemas de Alcalá y sus barrios, y por extensión de Andalucía y sus municipios, debe venir de la misma ciudadanía, en procesos de intervención y participación política activa, a través del asamblearismo, el consenso, y la democracia directa y participativa. E históricamente, en Andalucía, los mayores procesos de reivindicaciones sociales y políticas de democracia e igualdad siempre han coincidido con un florecimiento del sentimiento colectivo de identidad como pueblo, haciendo siempre de bandera de unión entre ambas reivindicaciones el municipalismo. Así, desde el 4 de diciembre de 1868 hasta el 4 de diciembre de 1977.
Sufrimos la condena de haber sido relegados y relegadas a la primera periferia del sistema, pero en ningún momento debemos pretender convertirnos en parte del centro, porque entre otras cuestiones no nos van a dejar serlo. Nuestro futuro debemos inventarlo entre todos y todas, y muchos de los materiales y experiencias que nos pueden servir están ya en marcha: experiencias prácticas alternativas de actuación, de relaciones laborales, de soberanía alimentaria, de cooperativismo,… experiencias que abandonan los valores que rigen el sistema actual –el de la mayor acumulación posible-, y los cambian por los de la cooperación, la solidaridad, la cohesión social, la defensa de los bienes comunes y de lo público, la racionalidad en el uso de los recursos naturales, el decrecimiento, la economía social y sostenible, las redes comunitarias, la defensa de los Derechos Humanos,…
Lo prioritario, hoy, es rescatar la política de las maquinarias electoreras y que el pueblo se haga con ella para dar la vuelta al sistema y poner definitivamente la economía a su servicio, y no al revés, como hoy pasa. Y para ello tenemos que tener claro que hay alternativas. Lo que no hay es voluntad política.



Andaluces de Alcalá, a 19 de mayo de 2014.

No hay comentarios: