lunes, 8 de julio de 2013

Andaluces de Alcalá ante la organización obrera sindical

Al observar el funcionamiento de los aparatos sindicales, nos hace pensar que la organización de los trabajadores poco tiene que ver con su sentido original. El trabajo de base, desarrollado en el tajo, en la empresa, en el pueblo, en la calle y con la gente ha quedado, en gran medida, relegado a un apartado en los libros de historia de secundaria y bachillerato. En la sociedad actual, la mayor parte de la población muestra un claro desafecto hacia estas organizaciones. ¿A qué se debe esta crisis de legitimidad?
Más allá del papel desafortunado que ciertos líderes sindicales han podido desempeñar en momentos concretos, la crisis del sindicalismo entronca con transformaciones profundas de nuestro sistema económico, con la fagocitación de los aparatos sindicales por el sistema capitalista, que los ha convertido en piezas claves de control social y, en algunos casos, con la incapacidad del sindicalismo de clase a la hora de elaborar estrategias, discursos y comportamientos éticos que entronquen con la ciudadanía para avanzar en la transformación de la sociedad. Aunque es cierto que el mundo del trabajo ha cambiado demasiado desde que naciesen los grandes sindicatos fabriles del siglo XIX y comienzos del siglo XX, conserva su esencia, el trabajador manual o intelectual sigue vendiendo su fuerza de trabajo. 
Desde que nace la sociedad capitalista, tres son los factores fundamentales que intervienen en su desarrollo: trabajo, recursos naturales y capital. La globalización ha generado desequilibrios en relación con la acumulación de capital o con la explotación de los recursos naturales, provocado transformaciones profundas entre los tres elementos y estos entre sí y los Estados nacionales que, junto al avance tecnológico, han propiciado un mayor dominio del capital sobre la sociedad, la naturaleza, la política y sobre los Estados. De esta forma el capital ha conseguido, en gran medida, romper los lazos de dependencia que un día sostuvo con el factor trabajo. Actualmente el capital es reproducido, con frecuencia, sin que los trabajadores intervengan en el proceso. No obstante, no es menos cierto que el trabajo asalariado ocupa a muchos más millones de seres humanos que en cualquier otro momento de la historia, aunque para contemplar a cientos de trabajadores hacinados en una textil o a la salida de una boca de una mina, cada vez más, tengamos que situarnos en India, Bangladés, China o Sudáfrica, por poner algunos ejemplos. 
Nos enfrentamos a los efectos de la globalización, de la competencia a nivel mundial y en cada economía nacional, a la reducción de costos, especialmente salariales, a la depredación masiva de los recursos naturales, al incremento de producción, de la productividad, de la flexibilidad o al fraccionamiento de los procesos productivos. La temporalidad y la precariedad se han impuesto en la mayor parte de los sectores laborales. El trabajador fijo, que pasaba toda una vida en un mismo puesto de trabajo, casi ha desaparecido. En su lugar observamos la emergencia de un nuevo paisaje de trabajadores temporales, que entran y salen constantemente de sus puestos de trabajo, que cambian de empresa, de ciudad y de sector profesional, y que a menudo trabajan sin contrato o con contratos fraudulentos. Ante este panorama, los sindicatos no pueden seguir encerrados en exclusiva en los centros de trabajo. Para estar con los trabajadores hay que salir a las calles, a las plazas y a las casas. La clase obrera hoy es el trabajador de la siderurgia, pero también el camarero, el estudiante, el inmigrante, el parado y el ama de casa. Para involucrarlos en la lucha sindical es necesario conectar ésta con los problemas de los barrios, con el ataque a los servicios públicos, con los derechos de las minorías culturales y con la apuesta por la economía social.
En este contexto económico, que denominamos neoliberalismo, el sindicalismo, entendido como organización activa de personas en defensa de sus derechos laborales y sociales, necesita asumir estos cambios y, al mismo tiempo, realizar una profunda autocrítica, para ganar efectividad y desempeñar el papel central que le pertenece en la gestación de otro mundo más justo.
Lentamente, se van consolidando alternativas sindicales que intentan llevar a cabo estos nuevos planteamientos. Las marchas obreras que el SAT desarrolló el pasado verano son un buen ejemplo. El desarrollo de cooperativas agrícolas, las marchas de interinos docentes o las concentraciones contra el paro permiten visibilizar a esa nueva clase obrera precarizada e invisibilizada. La incorporación activa de estos sectores es crucial para avanzar hacia un modelo económico diferente, que blinde los derechos de las personas frente a la lógica depredadora de nuestro sistema económico.
Desde el colectivo “Andaluces de Alcalá” entendemos que urge la consolidación de una alternativa sindical que avance en este sentido. Para ello, consideramos como imprescindible que un modelo sindical que:
- Sea totalmente horizontal en sus estructuras organizativas. Uno de los principales problemas de las grandes centrales sindicales ha sido la deriva hacia fórmulas verticales de organización, que alejan a los trabajadores de la toma de decisiones y a los dirigentes de la realidad de la calle. Frente a esta tendencia, es preciso devolver el protagonismo a la gente mediante fórmulas participativas y asamblearias. Esto debe ser compatible con la imprescindible efectividad y disciplina a la hora del cumplimiento de los acuerdos democráticamente asumidos. 
- Sea concebido sin burócratas. La organización de los trabajadores debe nacer de su lucha activa por los derechos laborales, sindicales y sociales. La intermediación de “expertos”profesionalizados ha tenido un efecto devastador y se ha traducido en la desmovilización de los trabajadores y la parálisis de sus redes asociativas.
- Sea asambleario. En unos mercados de trabajo precarios y escasamente regulados, los problemas de los trabajadores cambian y se diversifican. Para dar una respuesta adecuada a cada caso, hay que trasladar el poder de decisión a los niveles de organización de base. La maquinaria burocrática y vertical debe ser sustituida por la partiicpación activa de los trabajadores afectados a través de asambleas.
- Se vertebre mediante uniones locales, ligando así al trabajador a su territorio y ámbito de actuación. Es importante la presencia del sindicalismo en la empresa, no obstante, este debe estar estrechamente ligado al territorio donde se encuentra el centro de trabajo. El territorio local ofrece un escenario desde el que vertebrar un proyecto para los trabajadores. Más allá de la mera defensa de condiciones de trabajo particulares, la fórmula de uniones locales permite conectar con los movimientos sociales, involucrar a los parados y estudiantes, dar respuesta a la problemática de los barrios e incluso explorar fórmulas de economía social.
- Sea netamente andaluz. Para dar una respuesta efectiva a la población, el sindicalismo debe ser construido dentro de los códigos culturales de la gente. La lucha del campo, astilleros en la bahía de Cádiz, o la misma industrialización fantasma de Alcalá, como ejemplo, hacen de Andalucía un escenario con unas condiciones diferentes a las del resto del Estado. Para construir una respuesta coherente con esta realidad es necesario apostar por un sindicato andaluz fuerte y construido desde la base.
- Apueste por el modelo cooperativista como arma para salir de la crisis capitalista. Para blindar a largo plazo los derechos de los trabajadores es preciso que se involucren en proyectos económicos propios. Hoy el sindicalismo debe hacer una apuesta nítida por la economía social. El cooperativismo, la producción ecológica y el refuerzo de las redes de distribución local son herramientas cruciales para avanzar hacia un modelo económico justo y sostenible en el tiempo. 


Desde Andaluces de Alcalá celebramos la construcción de alternativas sindicales frente al avance del paro, la temporalidad y la precariedad laboral. Apoyamos la labor que se viene haciendo desde la Unión del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as de Alcalá, y otras que conectan de forma directa con el asamblearismo y la economía social. Y consideramos que la apuesta por un sindicalismo combativo, horizontal y transformador es, más que nunca, una necesidad para los trabajadores y trabajadoras de Alcalá y del resto de Andalucía.




Andaluces de Alcalá, a 8 de julio de 2013.

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