viernes, 11 de enero de 2013

El Andalucismo Histórico y el Municipalismo

La historia de los dos últimos siglos en Andalucía nos demuestra que todo proceso de cambio que ha aspirado seriamente a la transformación social, irrevocablemente, ha seguido una línea ascendente de abajo arriba en dos sentidos: primero, partiendo de la base popular a la élite de las instituciones (de lo social a lo político), y segundo, de lo local a lo nacional (de lo concreto a lo abstracto).
Los primeros modelos de federalismo republicano se plantean como alternativa al modelo centralista establecido por los liberales desde 1837, en la búsqueda de  una nueva organización estatal descentralizada al entender que la base del poder se encuentra en la estructura social básica que es el municipio, más accesible a la ciudadanía y que al mismo tiempo reduce la capacidad coercitiva del estado.
Agenda Andaluza 2013, dedicada
a la Constitución de Antequera de 1883,
editada por Atrapasueños y de venta
en La Alacena
A medida que avanza el siglo encontramos nombres como el de José María Tubino y su diario La Andalucía (el de mayor tirada de su época), Rafael Pérez del Álamo y la Revolución de Loja (1861), o el de Fermín Salvochea y la Revolución Cantonalista de aquel primer 4 de diciembre (1868); hasta que llegamos a lo que la historiografía ha venido a denominar como Andalucismo Histórico, que nace con el ateneista José María Izquierdo y el Ideal Andaluz (1915) de Blas Infante.
Todos ellos entendieron desde un primer momento que la solución de los problemas de Andalucía debe partir del territorio más inmediato, del entorno que resulta accesible a los ciudadanos y ciudadanas, para lo cual es necesario formar parte de la realidad e imbricarse con los movimientos sociales coetáneos y contrarrestar el peso de caciques, redes clientelares y corruptelas más o menos veladas.
Para ello, los andalucistas de principios del siglo XX crearon su propia plataforma, los Centros Andaluces, y no dudaron en aliarse con federalistas, republicanos, socialistas, anarquistas, sindicalistas o movimientos vecinales, para lograr estos legítimos fines de justicia social. Para conseguir, como dice el antropólogo Isidoro Moreno, una Andalucía libre compuesta por andaluces y andaluzas libres.
En Alcalá, de momento, no hay documentada la existencia de un Centro Andaluz propio, pero no por ello pierde importancia nuestra ciudad, pues mantiene fuertes conexiones con el Andalucismo Histórico. Por poner unos ejemplos, podemos recordar que aquí nace la revista Oromana. Publicación del entusiasmo ardiente por la Bética, ubérrima e inmortal en la década de los años 20 y hermana de la sevillana Bética (1913-1917); que nuestro Ayuntamiento envió representante propio a la Asamblea de Córdoba de 1933 (que redactó el primer Anteproyecto de Bases para un Estatuto de Autonomía para Andalucía) en la persona de Juan Carlos Trujillo; o que incluso Alcalá contó con un comité local del Partido Republicano Federal, heredero del aquel PRDF decimonónico que declaró la independencia de Andalucía en Despeñaperros en 1873.
Precisamente fue este partido el que en 1883 aprobó la denominada Constitución de Antequera (de la que este año se conmemora el CXXX aniversario), de marcado carácter municipalista y cuyo primer artículo decía: “Andalucía es soberana y autónoma; se organiza en una democracia republicana representativa, y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior al de las autonomías cantonales que le instituyen por este Pacto”.
En los tiempos que corren, no tenemos que buscar lejos las soluciones a los galopantes problemas que nos agobian y agotan, simplemente debemos mirar a nuestro alrededor, conocernos y reconocernos a nosotros mismos, y atrevernos a, como sentencia nuestro himno, volver a ser lo que fuimos.

Andaluces de Alcalá, a 11 de enero de 2013.

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