lunes, 2 de julio de 2012

Los recortes de Izquierda Unida y el futuro de la izquierda en Andalucía

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó el martes 19 de junio el decreto-ley que recoge su plan de ajuste económico-financiero para los años 2012-2014. La consejera de Hacienda y Administración Pública, Carmen Martínez Aguayo, ha confirmado que el recorte será ya aplicado en la nómina del mes de julio de los trabajadores del sector público. Desde entonces y en adelante, estos trabajadores sufrirán en su salario la culpa de los especuladores y sus cómplices políticos. El decreto supone el aterrizaje práctico de una ideología política que supedita el bienestar de las personas a los requerimientos de un sistema económico injusto e inmoral. Una ideología que, además de ser compartida por los dos grandes partidos, está siendo rápidamente asumida por Izquierda Unida.
Los recortes tienen, en el caso de Andalucía, un doble filo. La misma guadaña que siega desde la Administración autonómica los derechos de los trabajadores está tallando hasta tornar irreconocible el cuerpo marchito que alguna vez fue Izquierda Unida. Valderas y sus compinches parecen empeñados en destruir en tiempo récord la legitimidad moral del proyecto que supuestamente defienden.
Fueron muchos y muy destacados los afiliados y simpatizantes de IU que expresaron su decepción tras el pacto de gobierno con el PSOE. El propio Julio Anguita se ha pronunciado públicamente contra este pacto en el artículo “Las lentejas de Esaú”. Pero todos, partidarios y detractores, se estarán quedando atónitos ante la velocidad y eficacia con que la cúpula de la coalición parece estar afrontando la destrucción de su propio proyecto. En apenas dos meses han tomado decisiones que buena parte de la parte de la izquierda de este país tardará mucho en perdonar.
La primera decisión polémica fue la de acelerar la entrada en un gobierno seriamente manchado por la sombra de la corrupción. El referéndum interno fue mal resuelto, y pronto Izquierda Unida certificó su papel de pata izquierda de un edificio sostenido, presumiblemente, sobre una administración oscura de los fondos públicos. Izquierda Unida entraba en un gobierno en coalición con un partido cuyos dirigentes están siendo investigados por la desaparición sospechosa de dinero de los desempleados. Sólo un milagroso viraje hacia la izquierda del régimen socialista podía justificar un pacto que olía demasiado mal.
Lejos de forzar ese viraje, y casi sin tiempo para asumir la situación, IU nos sorprende apoyando unos presupuestos que asumen literalmente el dogma neoliberal: hay que someter las cuentas públicas al equilibrio presupuestario. Un equilibrio lastrado por la corrupción de políticos, empresarios e inversores financieros. Un equilibrio que castiga sistemáticamente a los más débiles en beneficio de los poderosos. En dos meses, el dogma neoliberal ha sido interiorizado por una IU que asesta así una nueva poda a su legitimidad ética y política.
La ciudadanía crítica, aquélla que ya sabía que las diferencias entre el PP y el PSOE son insignificantes en lo sustancial, va asumiendo a marchas forzadas que hoy, en Andalucía, IU ha dejado de ser una alternativa creíble. Las propias bases de IU lo aceptan, y adoptan posturas que oscilan entre la vergüenza y el enfrentamiento abierto con sus dirigentes. Hoy es evidente que IU no puede ser un referente para la izquierda andaluza.
Desde Andaluces de Alcalá consideramos, sin embargo, que ese espacio político, que se complementa con el dejado por el Andalucismo y la abstención, en la que miles de personas esperan tener una referencia política seria, necesita ser llenado. Es urgente construir una alternativa política democrática, de base amplia, horizontal y de izquierdas que dé respuestas a los problemas de los andaluces. Ha llegado la hora de tomar decisiones. La muerte por auto-recorte de IU no puede significar la desaparición de la izquierda política en este país. Desde nuestro colectivo abogamos por comenzar ya a levantar el nuevo edificio. Y apostamos por hacerlo desde abajo, partiendo de la ciudadanía y reforzando el tejido social a nivel local. Reivindicamos una respuesta política asamblearia, transformadora y claramente comprometida con los derechos individuales y colectivos del pueblo andaluz. Ante el agotamiento de las viejas respuestas, es el momento de comenzar a transitar con valentía nuestro propio camino.

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