jueves, 10 de mayo de 2012

Andaluces de Alcalá contra la invisibilización de los problemas y por su solución

En Alcalá, como en toda Andalucía, se están agravando de manera preocupante problemas como el paro, la pobreza y la marginación. Cada vez más familias ven vulnerados en la práctica derechos básicos, como el acceso a la vivienda, al empleo o el disfrute de una vida digna. Sin embargo, es relativamente fácil pasear por Alcalá sin tener que ver la fea cara del parado, del pobre, del chabolista, del desahuciado. Dice el refranero popular que “lo que no se ve, no existe”. Y los gobernantes de nuestra ciudad han aprendido bien la lección: la fisionomía de nuestra ciudad ha ido engullendo estos problemas, ocultándolos a la vista del turista e incluso del vecino alcalareño. Desde hace años asistimos a toda una remodelación urbanística orientada a ocultar todo aquello que desmiente el discurso triunfalista del poder. La consigna es ocultar el paro, la pobreza, la exclusión y la desigualdad bajo una fachada de fuentes, césped, palmeras y mega-edificios. La receta es sencilla: expulsar, maquillar, ocultar y asustar.
Expulsar es lo que se hace cuando se intenta trasladar los problemas más allá del casco urbano. Es el caso, por ejemplo, de los chabolistas de la Verea del Cerero. Manteniéndolos más allá de la ciudad, allí donde nadie puede verlos, es posible tolerar la presencia de la extrema pobreza con un discurso de progreso y éxito socioeconómico. Así es como se consigue, también, pregonar cínicamente la recuperación del río Guadaíra cuando esta se limita al corto tramo que atraviesa nuestra ciudad.
Maquillar es embellecer la apariencia de nuestras calles para desviar la atención de los problemas reales. Éste es el objetivo de la ya tristemente célebre combinación de césped (artificial en algunas ocasiones), fuentes y palmeras con que el consistorio derrocha el dinero público en las principales avenidas de la ciudad. Se trata de que estas avenidas estén “bonitas” por fuera, aunque la crisis vacíe por dentro sus locales comerciales. Se trata de que estén bonitas, aunque por ellas paseen cada vez más parados.
Ocultar es lo que se consigue cuando el trazado urbano contribuye a esconder físicamente los problemas. De todos los ejemplos existentes en Alcalá, que no son pocos (terrenos urbanizados y medioambientalmente degradados producto de la especulación desbocada, patrimonio abandonado como la zona arqueológica de Gandul,…), destaca por su importancia el de la nueva oficina del SAE. Si antes los parados eran visibles en la cuesta de Duquesa de Talavera, ahora se ha logrado esconderlos tras el centro de servicios sociales. Si a ello le sumamos el aporte invisibilizador de las nuevas tecnologías, que permiten al parado renovar su demanda de empleo a través de Internet, constatamos el éxito del modelo: ya es posible sufrir una tasa de paro superior al 30% sin que eso se plasme cotidianamente ante nuestros ojos. Para tranquilidad de las autoridades, el parado queda oculto tras la pared de su casa, bajo el aspersor roto que inunda el césped, tras la palmera cara e innecesaria.
Sin embargo, una parte de la ciudadanía se empeña en tener en cuenta a los chabolistas, se niega a enterrar a los parados bajo el olvido del wi-fi y el “palmerío”. Los movimientos sociales críticos siguen exigiendo una Alcalá digna, con empleo, igualitaria y democrática. Cuando estos movimientos sociales adquieren visibilidad, el único recurso que le queda al poder es el de asustar. Eso es lo que ha intentado el Ayuntamiento recientemente con la gente del movimiento 15-M que desde hace meses apoya y asesora a las familias afectadas por desahucios. Mientras este trabajo era invisible, el Ayuntamiento lo toleró, e incluso intentó capitalizar los esfuerzos del 15-M “cediéndole” a este colectivo un despacho en el centro de servicios sociales. Con el paso de los días, cada vez más familias han acudido a este despacho, y ha empezado a ser una evidencia que en Alcalá son muchas, demasiadas, las familias a las que los bancos están arrancando de sus viviendas. Los desahuciados empezaban a ser visibles. Pero a finales de abril, una vez pasadas las elecciones, el Ayuntamiento ha decidido que deben volver a ser invisible: ha expulsado al 15-M del despacho que tenían, e incluso les ha retenido documentos privados de las familias desahuciadas. Se trata de asustar a todos: movimientos sociales, desahuciados, parados, chabolistas, para que dejen de molestar y se retiren a sus casas, a navegar por wi-fi o a disfrutar del césped: todo menos visibilizar, denunciar y exigir.
Desde el colectivo ciudadano Andaluces de Alcalá consideramos que invisibilizar los problemas no contribuye a solucionarlos. Los graves problemas que sufre Alcalá siguen existiendo, por mucho que algunos intenten ocultarlos. La ciudadanía alcalareña sabrá valorar el esfuerzo de quienes se niegan a olvidar estos problemas y luchan por solucionarlos. Andaluces de Alcalá agradece públicamente el trabajo desinteresado de quienes luchan cotidianamente por evitar que las expulsiones, el maquillaje, la ocultación y el miedo mantengan en la oscuridad los graves problemas que seguimos teniendo pendientes.

Andaluces de Alcalá

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