viernes, 30 de marzo de 2012

Andalucía, una tierra rica con las tasas de paro más elevadas del Estado.

Desde el estallido de la crisis financiera de 2008, debido al colapso de la burbuja inmobiliaria, que se inicia en Estados Unidos en el año 2006, y que provocó, aproximadamente, en octubre de 2007, la llamada crisis de las hipotecas subprime, el paro ha venido incrementándose inexorablemente en el conjunto del Estado, pasando del 8% al 22,85%. Las previsiones para 2012 sitúan la tasa de paro en el 25%, con seis millones de personas afectadas. En Andalucía las cifras son aún más escandalosas: un 31,23% según datos del último trimestre de 2011. Algunas comarcas cuentan con un paro en torno al 40% de la población activa, e incluso más, y los parados andaluces son ya más de un millón trescientas mil personas. Triste sino para una de las tierras más ricas de Europa. En Alcalá de Guadaíra, y según el Sistema de Prospección Permanente del Mercado de Trabajo en Andalucía (ARGOS), el número de demandantes de empleo no ocupados alcanzó en el mes de febrero las 11.932 personas.

Todos los sectores de la población se han visto afectados, independientemente de su cualificación profesional. Este fenómeno ha venido en llamarse “democratización” de la precariedad, y es otra de las características de la crisis que se encuentra removiendo los cimientos del sistema. En esta situación, todos somos más iguales ante un posible despido, y estar más o menos formado ya no es un salvoconducto para conservar un puesto de trabajo. La época de “bonanza” vivida por algunos, fruto de la especulación y de un desarrollo insostenible, había proporcionado a muchas personas con ingresos por encima de la media, la falsa ilusión de que ellos estaban bien protegidos frente a los altibajos de la crisis. La tranquilidad de verse con buen nivel de vida, supuestamente a salvo ante imprevistos, producía una relajación general, y reivindicativa en particular, que contribuía a consolidar ideológicamente el actual statu quo, llenándolo de valores y pensamientos conservadores.

También la izquierda ha abandonado a los autónomos, al pequeño empresario y agricultor, victimas de los dos grandes partidos, despellejados en la vorágine de un modelo fundamentado en el “pelotazo”. Los equipos de gobiernos de todas las administraciones han trabajado para facilitar el establecimiento por todas partes de grandes centros comerciales, generadores de competencia desleal, permitiendo la apertura de los festivos en algunas comunidades autonómicas, olvidándose de la creación de redes de distribución y aprovisionamiento que han caído en manos de multinacionales extranjeras. Lo mismo podemos decir de la cultura, los movimientos ciudadanos y de un largo etcétera.

La “comodidad” ilusoria de ciertos grupos sociales, como estamos comprobando, está siendo desmantelada. Las diferencias sociales se ven acrecentadas entre ricos y pobres al producirse, paralelamente, el desmantelamiento de los servicios públicos mediante privatizaciones progresivas. Estamos en otro escenario, querámoslo o no, donde la pérdida de derechos nos encamina a posicionarnos al mismo nivel que los llamados países emergentes.

En épocas de bonanza hemos asistido a los desmanes de unos y otros, a los desastres mendioambientales y humanos. Es hora de articular un gran movimiento andaluz y de izquierdas amplio, basado en el territorio, en la ética y el compromiso desinteresado, que enpiece a sumar, que sea generador de dinámicas transformadoras e ideológicas en todos los órdenes, que recupere el terreno perdido y, finalmente, vuelque la situación a favor de los derechos de los ciudadanos y los pueblos.
 
Alcalá de Guadaíra, a 30 de abril de 2012

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