jueves, 16 de febrero de 2012

Andaluces de Alcalá contra el olvido y por la memoria

Hace escasos días murió Manuel Fraga Iribarne, y en torno a su muerte se ha levantado un monumento a la hipocresía y al olvido. En este Estado español des-memoriado, donde poner nombre a las cosas es una costumbre poco elegante, se intenta reconvertir a Fraga en un “demócrata de toda la vida”. Quien fue Ministro de la dictadura es limpiamente reconvertido en un “padre de la democracia”. Y ello a expensas de las víctimas del franquismo, que tuvieron que luchar contra gente como Fraga para poder vivir en democracia.

No está de más recordar en estos días que durante su ministerio, Manuel Fraga figuró en un gobierno que firmó sentencias de muerte como la de Julián Grimau, al que calificó de "ese caballerete" en rueda de prensa cuando estaba detenido y condenado a muerte. Grimau fue fusilado en 1963, y su condena y ejecución provocó una gran campaña de rechazo en el exterior, que no logró salvarle la vida.

También murió Enrique Ruano Casanova en enero de 1969, tras caer desde la ventana de un séptimo piso del edificio al que había sido llevado por la Brigada Político Social, que le había detenido tres días antes. El entonces director del diario ABC, Torcuato Luca de Tena, confesó que Manuel Fraga Iribarne le dio las órdenes para publicar anotaciones del diario íntimo de Ruano, manipulándolas a fin de que pareciese una persona inestable que se había suicidado.

En 1975 Fraga fue nombrado vicepresidente y ministro de Gobernación. Bajo su mandato en el Ministerio en 1976, acuñó la muy “democrática” frase «La calle es mía», al impedir el intento de la oposición política de manifestarse el Primero de Mayo. En la ciudad de Vitoria fueron asesinados cinco trabajadores y más de cien resultaron heridos en marzo de 1976, por los disparos de bala efectuados por la policía al desalojar una iglesia, previamente gaseada, en la que se estaba celebrando una asamblea informativa sobre el desarrollo de la huelga general que se llevaba a cabo.

Siendo ministro franquista Fraga afirmó no disponer de suficientes policías para proteger a la líder comunista Dolores Ibárruri si regresaba a España. Pero también mantuvo una actitud mucho más comprensiva con otros políticos de la oposición, como Felipe González. Fraga permitió la celebración del XXX Congreso Confederal de la UGT, sindicato todavía ilegal (Madrid, abril de 1976) en el cual Nicolás Redondo fue elegido secretario general.

Esas buenas relaciones tejidas durante la dictadura parecen haberse prolongado a lo largo de tres décadas de democracia parlamentaria. Hace escasos días el PSOE hizo público un comunicado manifestando “su más profundo pesar por el fallecimiento de Manuel Fraga Iribarne” (sic).

Desde el colectivo ciudadano Andaluces de Alcalá reivindicamos la memoria histórica como única herramienta para construir una convivencia justa y pacífica. La sensibilidad natural ante la muerte de cualquier persona no puede ser usado como un mecanismo de absolución para los ejecutores de los crímenes de la dictadura. Andaluces de Alcalá solicita a todas las fuerzas democráticas un esfuerzo decidido por juzgar y condenar los crímenes de la dictadura. Y para ello aboga por reforzar la memoria colectiva y seguir denunciando públicamente a las personas que los ejecutaron.

Alcalá de Guadaíra a 16 de febrero de 2012

No hay comentarios: