miércoles, 12 de mayo de 2010

NOS ENGAÑAN COMO A CHINOS

No, no se alarmen por este titular tan racista y políticamente incorrecto, lo que intentamos es llamar su atención; y una vez conseguido esto, pongámonos en situación.

Desde las esferas oficiales y oficialistas –léase, por ejemplo, el propio Ayuntamiento o la Federación de Industriales y Comerciantes de Alcalá (FICA)-, además de los medios de información (a muchos de los cuales les sobra el prefijo), se nos bombardea constantemente sobre el supuesto impacto negativo que los comercios regentados por ciudadanos extracomunitarios –sobre todo chinos, magrebíes y subsaharianos- implican en el comercio tradicional de nuestro país, y de nuestra localidad en particular. Periódicamente saltan a la palestra casos de productos fraudulentos, peligrosos y tóxicos, o directamente bulos sobre secuestros, explotación y esclavitud laboral y/o infantil, o la dudosa procedencia de ciertos comestibles, sin escatimar en imaginación.

El discurso oficial habla de “multibazares”, de comercios “no especializados”, de locales de “productos de importación” (casi todo lo que consumimos es de importación, producido muchas veces por las mismas marcas y en las mismas condiciones y naciones que los denominados productos “baratos”),… pero en el fondo sabemos todos y todas que en realidad se refiere a las tiendas de “chinos” y de “moros” (1).

Muchos de estos comerciantes proceden de zonas rurales depauperadas que, después de emigrar a las grandes ciudades de sus propios países, no encuentran más salida que la de emigrar a Europa (2) ¿De verdad no nos suena esto de nada a los andaluces?, ¿de verdad no recordamos ya los cerca de dos millones de personas que tuvieron que abandonar Andalucía durante los años 60 y 70 del siglo pasado –más de ochocientos mil sólo a Cataluña-? (3)

Las políticas municipales son realmente las que han hundido al pequeño comercio alcalareño, recordemos si no la lucha de los comerciantes alcalareños de mediados de los años 90 contra la apertura de grandes superficies; políticas que se encuentran además dándole la última puntilla en estos momentos, con ejemplos como los de la calle La Mina, que ni se puede aparcar ni se puede pasear, o la agonizante plaza de abastos, en la que el Ayuntamiento no ha renovado ni una sola licencia de apertura de los puestos que han ido cerrando en los últimos quince años, con todo lo que ello implica para todos los pequeños comercios de los alrededores que viven –o vivían- del foco de atracción de clientela que implica una plaza de estas características.

El funcionamiento que una plaza de abastos imprime a su barrio garantiza además otras cuestiones bien importantes, como son por un lado la garantía de que la mayoría de los productos son de circuito corto (muchos de ellos más sanos y ecológicos porque son producidos siguiendo procesos artesanales y tradicionales hoy en vías de desaparición), y por otro la creación de más empleo tanto directo como indirecto que cualquier gran superficie, al estar elaborados sus productos en un alto porcentaje en la misma localidad, la comarca o la provincia.

Las reglas de la sacrosanta libre competencia es rota por las propias multinacionales y grandes superficies, hundiendo el comercio local monopolizando muchos de los productos a base de ofertar precios que solo ellas pueden permitirse, por no hablar de las condiciones laborales de sus empleados y productores (agrícolas y lácteos los casos más popularmente conocidos, que ven cómo los precios de estas empresas hunden sus pequeñas y medianas explotaciones y cooperativas). El problema es fundamentalmente un problema estructural de modelo económico de libre mercado, de mercantilismo, de neoliberalismo, frente a otro modelo de pequeño comercio tradicional, cercano, familiar y directo. Un modelo éste que, quienes alguna vez hemos trabajado o trabajamos en algún negocio de estas características lo sabemos bien, cierto es que siempre necesita de más horas de trabajo por parte de quienes lo regentan, puesto que no es un trabajo fabril asalariado y cerrado; aunque a muchos otros se lo han hecho olvidar al hacernos creer durante años la propaganda oficial sobre que nos encontrábamos en el imparable primer mundo del beneficio sin esfuerzo (4). Pero es éste también un modelo que abre las arterias de un auténtico desarrollo económico, ecológico y cultural más sostenible y seguro que en el que sin duda actualmente nos han sumergido.

NOTAS:
(1) Denuncian a los “chinos” que abren los domingos, ABC, 27 de Abril de 2010
(2) Ver www.uhu.es/CHAC
(3) La novena provincia. La emigración de andaluces a Cataluña, Martí Marín Corbera, Andalucía en la Historia, nº 28, Abril-Junio de 2010
(4) Ver el documento Un proyecto, diez iniciativas y cien medidas para la segunda modernización de Andalucía, Junta de Andalucía, Diciembre de 2003

Alcalá de Guadaíra, 12 de mayo de 2010

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