martes, 21 de abril de 2009

¡ CON EL PAGO DE LA DEUDA HISTÓRICA A LOS ANDALUCES, NUEVAMENTE, NOS TOMAN EL PELO!



En la disposición adicional segunda del Estatuto de Carmona de 1981 se estableció que el Estado debía compensar económicamente a Andalucía dadas sus circunstancias socioeconómicas, reconociéndose la existencia de unos niveles de desarrollo muy inferiores a la media del Estado español. Durante veintisiete años, todos los gobiernos que han pasado por Madrid (PSOE y PP) han hecho oídos sordos a este mandato. Así, por poner algunos ejemplos, hoy, los índices comparativos nos muestran unas diferencias notables entre comunidades en relación con los servicios prestados en materia sanitaria o educativa. Por poner un ejemplo, nuestra tasa de paro duplica la media española. Hoy Andalucía continúa en el mismo lugar de la tabla comparativa de índices que a la finalización de la dictadura. Y, ahora, pretenden poner fin a esta infamia con una cantidad inferior a la que otros territorios del Estado han rechazado “por no ser mínimamente digna”.

Tras la Deuda se halla la Historia Andaluza, de ella extrae legitimidad y en ella también se encuentra la explicación de su frustración y el reciente aborto. Aunque podemos y deberíamos retrotraernos más en el pasado, nos quedaremos en los siglos XIX y XX, cuando a Andalucía se le añade a la subordinación, el papel de subdesarrollo en el conjunto del Estado. Mientras que Cataluña y País Vasco acceden, a la revolución industrial en Andalucía es abortada desde el centralismo de Madrid, al imponerse los criterios de las grandes explotaciones latifundistas cuyos representantes, mucha de las veces, controlan el gobierno estatal. En Andalucía, la miseria representada por el jornalero, mano de obra barata, se traducía en altos índices de analfabetismo, malnutrición y mortandad, lo que facilitó el desarrollo ajeno, al generarse una masiva emigración de más de dos millones y medio de andaluces, reportadora de suculentas remesas en divisas.

El 4 de Diciembre de 1977 y el 28 de Febrero de 1980 constituyeron dos momentos cumbres de la lucha del Pueblo Andaluz por su dignidad. La cultura andaluza y su conocimiento histórico, a pesar del analfabetismo, son los pilares en los que el maltratado pueblo andaluz se asienta para pedir lo que le corresponde; negarán la realidad pero los andaluces la conocemos y la vivimos. Estas multitudinarias manifestaciones pacíficas trajeron para Andalucía una autonomía al máximo nivel competencial permitido en el marco estatal, que facilitó el que las otras comunidades vieran como obvio que Andalucía necesitaba una aportación anual adicional, con el fin de lograr la convergencia con el resto de territorios del Estado.

Recientemente, nuestros representantes, han llegado a un acuerdo con el Gobierno de España y han colocado, en un tétrico supermercado de la dignidad, a la deuda histórica, precio: 1.204,41 millones de euros, cuando en las mismas fechas Zapatero otorgaba 4.800 millones de Euros a Cataluña. (1) Los representantes del Pueblo Andaluz se han atrevido a valorar cientos de años de humillación, han convertido en euros el sudor de los jornaleros, la desesperación de las madres ante la pobreza, los siglos de explotación social, de aculturación, el expolio de nuestras riquezas, las plusvalías de los emigrantes, los beneficios enajenados por empresas foráneas gracias a unos salarios de miseria, la utilización de la cultura popular andaluza como fomento del turismo, la destrucción de nuestros ecosistemas, el establecimiento de bases militares, la utilización de nuestro territorio como cementerio nuclear… Para ellos, es necesario volverlo a decir, nuestra dignidad no vale más de 1.204,41 millones, cantidad ridícula y averganzante, de la cual aún no se ha aclarado si se pagará en metálico o en especies. (2) y como siempre, todo a espaldas del pueblo andaluz, al que se nos asigna el papel de espectadores de nuestra propia Historia (una vez más) y por supuesto, sin pedirnos perdón.

Para más infamia, un importante sector de la prensa, y de la clase política manipulando la realidad, está provocando que otras Autonomías vean en este pago un “regalo” de Zapatero. (3) Ahora además de pobres y analfabetos, nos llamarán pedigüeños.

Consideramos que es responsabilidad de los andaluces transmitir a las nuevas generaciones la verdadera historia de este pueblo, la que no aparece en nuestros libros de texto, e involucrarnos activamente en la recuperación de nuestra dignidad. Es el momento de que los andaluces “volvamos a ser lo que fuimos”, y recordemos y difundamos nuestro presente y nuestro pasado, desde el orgullo de ser andaluz. La deuda es histórica, es moral, y es humana, por su reconocimiento seguiremos luchando, y no se puede compensar con 1200 millones de Euros. Para los políticos al uso, todo ha acabado, para nosotros, como pueblo andaluz, la lucha continúa.

Los abajo firmantes "Andaluces de Alcalá" consideramos que la deuda histórica no estará pagada hasta que Andalucía sea compensada por los cientos de años en que ha sufrido discriminación económica, menosprecio de su identidad cultural y usurpación de sus derechos políticos y de su patrimonio cultural y ecológico. No estará pagada hasta que todos los andaluces accedamos en igualdad a unos niveles dignos en materia social, educativa y económica. Esos niveles que ya disfrutan algunas de las comunidades Estado Español: las mismas que se han visto beneficiadas por la subordinación de Andalucía.

(1) http://www.abc.es/20090328/cordoba-cordoba/deuda-historica-20090328.html.
(2) http://www.abcdesevilla.es/20090326/andalucia-actualidad/junta-aclara-deuda-historica-200903252344.html
(3) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82797.

María José Lera Rodríguez
Vicente Miguel Pérez Guerrero
Francisco Cuberos Gallardo
Luis Ocaña Escolar
Francisco José Gavira Albarrán

"Notas sobre la arquitectura escolar alcalareña. En defensa del Colegio "El Perejil"" (II)


Un perro andaluz.

“Notas sobre la arquitectura escolar alcalareña. En defensa del Colegio ‘El Perejil’” (II)

En esta segunda entrega se habla del colegio Pedro Gutiérrez. Edificio que, en cuanto a tipología de arquitectura escolar, es, junto con el Colegio Cervantes, el único ejemplo de reconocido prestigio que podemos encontrar en Alcalá. Su origen, 1926/28, se encuentra en la política de dotación de infraestructuras que se llevó a cabo durante la primera alcaldía de Pedro Gutiérrez Calderón (1924-30), en el marco de las Obras de Saneamiento y Urbanización Parcial bajo la supervisión y planos del arquitecto Juan de Talavera.
Las fuentes de inspiración del maestro Talavera fueron dos. Por una parte, su particular visión del regionalismo arquitectónico andaluz (neobarroco popular) que se inspira en las haciendas y cortijos de muros blancos. Por otra, las ideas higienistas e institucionistas, inspiradas en el ideal de la escuela al aire libre, de la Oficina Técnica para la Construcción de Escuelas (1920-1936). En este sentido, resulta muy interesante citar lo que la Memoria del Proyecto reconoce respecto a su ubicación que afirma “goza de las más convenientes condiciones, de independencia, aislamiento y ventilación...”, y del diseño del que se dice consta de “un extenso campo de juegos”, además de “una pergola o emparrao que une en fachada ambos grupos [el de los niños y el de las niñas] y puede ser utilizado como clase al aire libre durante el buen tiempo.”. Construcción de dos grupos escolares en Alcalá de Guadaira. Memoria. 25 de octubre de 1925.
Para poder hacerse una idea de la trascendencia que hubo de suponer la construcción de un colegio como el Pedro Gutiérrez, hay que recordar que las escuelas de entonces no eran más que locales improvisados. Ante esta situación generalizada, se creó desde el Estado la Oficia Técnica como organismo responsable de las construcciones escolares durante la Dictadura primorriverista y de la Segunda República.
Curiosamente, a pesar del prestigio de los arquitectos de la Oficina, Antonio Flórez, Torres Balbás, al que por cierto tanto admiraba Talavera, Benlliure..., y de la indudable importancia arquitectónica de sus construcciones escolares, estas no tardarían en ser duramente criticadas por una nueva generación de arquitectos que se abría camino “esgrimiendo los progresos de la nueva arquitectura internacional”. Una nueva sensibilidad sin la que, como se verá en la próxima entrega, no se entendería nuestro colegio Cervantes.

VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
21 de octubre de 2006

"Notas sobre la arquitectura escolar alcalareña. En defensa del Colegio`El Perejil"" (I)


Un perro andaluz.

“Notas sobre la arquitectura escolar alcalareña. En defensa del Colegio ‘El Perejil’” (I)

Leo en La Voz de Alcalá (15-30/09/06) que van a derribar el colegio público de adultos “El Perejil” y así, en letra impresa, la noticia de su desaparición que ya conocía de oídas, se me aparece como inevitable. Cierto es que en la misma página se informa de la construcción de un nuevo colegio en la zona de la Puerta de Alcalá, pero bastaría con recordar las palabras de Luis Bello: “Hay algo más que hacer que construir escuelas. Hay que defenderlas, infundirles calor y vida” (Viaje por las escuelas de España, 1926), para comprender que esta buena nueva no puede ocultar el desprecio por el patrimonio y, en definitiva, la cultura de los responsables de su derribo.
Sí, ya sé que la importancia arquitectónica de este edificio es más bien modesta y su significación como edificio escolar relativa pues de hecho, tal y como ha dejado escrito F. García Rivero en este periódico (léase “La cantina escolar”, 15-30/6/02) como en Crónicas y Memorias de Alcalá de Guadaíra (2006), no fue construido con tal fin, de modo que su interés como arquitectura escolar se reduce a las adaptaciones y acondicionamiento que se realizaron para ello. Sin embargo, es precisamente su cambiante destino, los diversos usos que el inmueble ha tenido como espacio público (comedor infantil, cine y salón de teatro, colegio de primaria y luego de adultos) lo que le ha hecho alcanzar una auténtica significación en la vida de la ciudad. Esta es la cuestión, más allá del interés arquitectónico del inmueble, los diversos usos que ha contenido a lo largo de su devenir ha generado un patrimonio inmaterial que revierte en la ciudad hasta convertirse en un referente. Un referente no sólo cultural, también espacial pues sin duda la seña de identidad de la plaza de “El perejil” está indisolublemente asociada al colegio.
No, no encuentro la razón, que seguro la hay muy técnica y convincente, por la que el edificio del “El Perejil” no cabe en el diseño de la Ciudad de la Cultura que va a darle la puntilla, pero no tiene ninguna aquél que afirma medidas como estas son propias de las ciudades inteligentes “que son las que se reconcilian con su pasado y con la naturaleza para trazar su futuro” (D. Antonio Limones dixit en La Revista de Alcalá, septiembre, 2006).
VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
16 de septiembre de 2005

"A propósito de un libro sobre nuestra guerra civil"


Un perro andaluz

“A propósito de un libro sobre nuestra guerra civil”

Antes que otra cosa hay que felicitar a Félix J. Montero por un trabajo Alcalá de Guadaíra, 21 de julio de 1936. Historias de una venganza; valiente, arriesgado y original. Una obra cuya extraordinaria riqueza se pone de manifiesto con cada uno de los ejemplos probados de la represión franquista en Alcalá. A partir de documentación escrita y testimonios orales, el autor va reconstruyendo los últimos días y vivencias de interés de las víctimas, proporcionando así una visión del horrendo proceso represivo llevado a cabo en esta ciudad. No es pues de lectura agradable mas se siente placer al leerlo. Una satisfacción que nace del conocimiento entendido como despliegue del deseo de aprender lo que sucedió en aquellos días, meses y años de Guerra Civil como del deber que como ciudadano se tiene de recordar tales hechos.
Por otra parte, la mayor aportación en términos históricos de la investigación de Montero, sin ser el autor historiador, es, a mi parecer, su contribución al esclarecimiento de que en Alcalá no hubo más guerra que la represión que los militares y otras fuerzas paramilitares ejercieron sobre la población civil. Un trabajo que viene a confirmar lo que al respecto ya decía F. Espinosa (2006): “lo que llamamos guerra, en numerosos lugares de España y en provincias como Cádiz, Sevilla, Huelva o partes de Córdoba o Badajoz consistió, de entrada, simplemente en eliminar cierto número de gente y en traspasar a otras manos el poder político perdido en 1931” (La justicia de Queipo. Barcelona: Crítica, p. 12). Una conclusión que en la investigación de Montero queda meridianamente clara ya desde el subtítulo: Historias de una venganza.
En suma, Montero proporciona una visión de nuestra guerra escalofriante, pero necesaria y oportuna. A este respecto, viene siendo habitual, al hilo del fenómeno de la llamada “recuperación de la memoria histórica”, insistir en que la excesiva proximidad de la guerra civil puede desencadenar una rivalidad aniquiladora. Sin embargo, como señala C. Ginzburg (Ojazos de madera), ya desde Aristóteles sabemos que distancia y proximidad son nociones ambivalentes, de tal modo que la distancia, llevada a su extremo, provoca indiferencia y una falta absoluta de compasión con los seres humanos. Por lo tanto, no nos pongamos estupendos y hagamos historia. “Hacer historia, sí... De la historia que no obliga a nadie. Pero sin la cual no se hace nada sólido” (L. Febvre. Combates por la historia).

VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
19 de agosto de 2007

"Los fantasmas de la memoria histórica (y IV)"


Un perro andaluz

“Los fantasmas de la memoria histórica (y IV)”.

Si ya cuando comencé esta serie creía importante para nuestra democracia el debate a que había dado lugar el proyecto de ley sobre la memoria histórica, hoy para terminarla me gustaría llamar la atención sobre las implicaciones morales de uno de los argumentos más frecuentemente esgrimidos por las partes. Me refiero al consabido “todos fueron iguales”, proposición que planteada con la ventaja de la conciliación tiende a repartir responsabilidades a partes iguales y a conformar, distinto es convencer, como conclusión a los unos y los otros. No cabe duda que esta “teoría del centro” ha coadyuvado a favor de lo que se ha dado en llamar el espíritu conciliador de la transición, pero no podemos de dejar de subrayar, desde una perspectiva historiográfica, que esta es la teoría de “los vencedores” y que, en justicia, resulta depravada. En tanto en cuanto, en la guerra civil española sufrieron, una guerra que por cierto se prolongó (al menos el estado de guerra) hasta 1948, vencedores y vencidos hemos de mostrar compasión por unos y otros. Sin embargo, tal y como advierte Reyes Mate (Hoy, 20/11/06), no todo el que sufre es víctima y, por tanto, el reparto igualitario de culpas nos convierte en cómplices de los verdugos.
En este sentido, el “proyecto del Gobierno socialista” no hace justicia a las víctimas, pues no hace distinciones entre agresores y agredidos. Creo que esta es la clave, más allá de la brutalidad del olvido de cuán desproporciona fue la sangre vertida por la acciones de guerra y represión de los sublevados, partir del recuerdo de las víctimas para echar en el olvido quien produjo tanto dolor. A mayor abundamiento, según A. Reig Tapia, «sólo seremos capaces olvidar si no nos olvidamos de recordar» (La cruzada de 1936. Mito y Memoria. Alianza Editorial, 2006). Mientras que para P. Ricoeur, «el verdadero recuerdo precisa un trabajo correctivo y, al mismo tiempo, terapéutico de la memoria. A mi juicio, el olvido compasivo supone una terapéutica de la memoria enferma.» (Revista de Occidente, nº 198, 1997). Pues, en definitiva, tal y como se desprende de su origen etimológico, recordar (Del lat. Recôrdárí; deriv. de cor. “corazón”), significa volver a pasar por el corazón (Corominas, Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Gredos, 1980). Por todo lo cual, creo más en la oportunidad que en el contenido de este proyecto de ley sobre la memoria histórica porque podemos conversar, discutir, disentir, pero debemos llegar a perdonarnos.


VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
18 de abril de 2007

"Los fantasmas de la memoria histórica (III)"


Un perro andaluz

“Los fantasmas de la memoria histórica (III)”

Planteada la cosa en los términos en que la plantea la historiografía liberal-conservadora de este país, la “memoria histórica” no es un objeto histórico. O, al menos para algunos de sus más conspicuos representantes, “la historia es cosa muy distinta de la memoria” dice C. Iglesias (El País, 19/12/06); o, simplemente, “la memoria histórica no existe”, tal y como afirma J. Varela Ortega (ABC, 24/11/06).
Sin embargo, respecto a la primera de las afirmaciones, resulta evidente, en primer lugar para quien la hace, que si bien la memoria es una facultad subjetiva y, por tanto, no existe una Memoria sino memorias, que ésta al igual que la historia y a diferencia de la imaginación se hace cargo de lo que ha tenido lugar. Se entiende por esto que se diga “que existe una mutua relación y continuidad entre la memoria individual y la memoria colectiva que se erige a su vez en memoria histórica” (Léase el prólogo de A. Reig Tapia a la obra de F. Espinosa Contra el olvido, o mejor aún la entrevista que G. Aranzueque hace a “Paul Ricoeur: memoria, olvido y melancolía”. Revista de Occidente, nº 198, 1997).
En este sentido, la segunda de las afirmaciones “descansa”, por decirlo en términos de J. Aróstegui, “sobre una bien patente falacia”. Una falacia que encubre la existencia no de una sino de varias memorias históricas acerca de lo que fue la Guerra Civil española. Porque la cuestión clave, en efecto, no es otra que el desvelamiento de que “la misma memoria histórica no es sino una historia más, es decir, sujeta a los cambios que el paso del tiempo produce en las conformaciones sociales, al paso de las generaciones, a la acción de la evolución social y a la desaparición misma de los protagonistas de los hechos y que por tanto posee una vigencia que no tiene plazos distintos de los de cualquier otra dimensión social” (Cuadernos de Pedagogía, nº 362, noviembre, 2006).
La razón, en definitiva, del debate sobre la corrección de la expresión lingüística “memoria histórica” no es la de probar la existencia de varias memorias (la de la “exaltación”, la “reconciliación” y la “reparación”) acerca de la guerra de 1936, no es sino la de mostrar que por encima de estos “combates por la historia” está el derecho de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo a la verdad y la justicia.


VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
23 de marzo de 2007

"Los fantasmas de la memoria história (II)"


Un perro andaluz

“Los fantasmas de la memoria histórica (II)”
A la memoria del amigo Antonio Bernaza.
Creo, con Francisco Espinosa, que “el reto del ‘fenómeno Moa’ [miembro fundador del grupo terrorista GRAPO y autor del éxito editorial Los mitos de la guerra civil donde se niegan episodios como la matanza de Badajoz] no radica desde luego en desmontar las tesis defendidas por el autor sino en explicar su éxito” (El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española. Badajoz: Los Libros del Oeste. 2005, p. 13. Texto que puede encontrarse también en Contra el olvido. Historia y memoria de la Guerra Civil. Crítica, 2006).
Éxito que no por tener respuesta (cuarenta años de propaganda, de exaltación del triunfo, de represión y censura; la amnistía y el pacto del olvido de la transición; el silencio de los gobiernos de González; las lecturas de verano de Aznar...) resulta menos inquietante; pues, con independencia de los más fervientes partidarios del régimen franquista, la cuestión clave es que el franquismo pervive en ciertas actitudes y mentalidades tanto de la derecha como en parte de la izquierda de este país.
Así es, tuve la suerte de nacer en su agonía, mas no es necesario haber estado allí para reconocer los horrores del franquismo, de ahí la inquietud al comprobar cuán cerca está la agitada propaganda neofranquista. En este sentido, de las cosas dichas en nuestro periódico desde el elogio a los pueblos con calles rotuladas con los nombres de los mártires de la “Santa Cruzada” del 36 [téngase en cuenta, por cierto, que hace ya veinte años que la Iglesia española lleva beatificando a sus mártires de la guerra civil mas los prelados ahora dicen, en su Instrucción Pastoral sobre la “situación actual” de España, que el actual Proyecto de Ley de Memoria Histórica del gobierno no hace más que abrir “viejas heridas de la Guerra Civil” (El País, 28/11/06)], pasando por la discusión sobre la corrección de la expresión lingüística “memoria histórica” hasta llegar a la sacralización de la transición española; no media más que el interés de algunos, sean conscientes de ello o no, en negar el horror franquista a base de destruir cualquier iniciativa reparadora de la legitimidad democrática republicana, lo cual, efectivamente, supondría el sacrificio político del recurso a la transición como mito fundacional básico de la democracia en España, y la memoria de quienes murieron defendiéndola frente al fascismo.


VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
24 de febrero de 2007

"Los fantasmas de la memoria história (I)"



Un perro andaluz

“Los fantasmas de la memoria histórica (I)”

Tampoco nuestro periódico se ha librado del muy interesante y democrático debate a que ha dado lugar el proyecto de Ley, actualmente discutido en el Parlamento, para la reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. Un proyecto socialista que no ha contentado ni a tirios ni a troyanos, tal y como prueban las enmiendas a la totalidad que presenta gran parte del arco parlamentario (PP, IU-ICV y ERC) y cuya valoración oscila entre la indignación y el desencanto.
Ciertamente, según una encuesta elaborada por el Instituto Opina para El País, “el 55% [de los encuestados] considera conveniente que el Gobierno apruebe una Ley de Memoria Histórica para honrar a los represaliados” (El País, 18/7/06). Unos datos que, si bien en principio parecen dar el respaldo social necesario al gobierno para proyectar una ley auténticamente reparadora de la memoria de las víctimas, no han sido suficiente para que nuestro gobierno se atreva a condenar sin paliativos la dictadura franquista. ¿Por qué?
Sin duda, porque los asesores de Zapatero saben bien que en la cultura política española persisten posos del franquismo, que la memoria colectiva de muchos españoles, incardinada durante la larga dictadura, es una consecuencia más o menos directa de los vencedores en la Guerra Civil y que este tipo de actitudes no se manifiestan en las encuestas; pues éstas, como demostró J. Ibáñez, padre de la sociología española, son técnicas de investigación que no recogen la ideología profunda de los encuestados que suele permanecer oculta, lejos de las declaraciones explícitas que se dan en las encuestas como respuestas estereotipadas propias de la corrección política. Una cultura política heredera del franquismo sin la que tampoco se entiende el éxito editorial de los autodenominados revisionistas y del que hablaremos en la próxima entrega.
Por tanto, los socialistas han preferido elaborar una ley pensando en el electorado más que en los represaliados, es decir, pensando más en las urnas que en honrar a aquéllos que dieron su vida por la legitimidad constitucional republicana y, en definitiva, la libertad y la democracia.

VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
17 de febrero de 2007