viernes, 30 de octubre de 2009

SOBRE EL RÍO GUADAÍRA, LA PÉRDIDA DE IDENTIDAD Y PATRIMONIO O DE CÓMO HACER POPULISMO ECOLOGISTA


La idea expresada por Gutiérrez Limones sobre que ahora que el Guadaíra está limpio se ha convertido en una oportunidad de negocio, hace pensar muchas cosas, pensar y entristecerse, por ver cómo nuestra clase política, local y nacional, se mueve a golpe de efectismo mediático y de rentabilidades macroeconómicas.
Si el Guadaíra está limpio –o mejor dicho, si lo estuviera realmente- no debe ser para rentabilizarlo económicamente, debe estarlo para rentabilizarlo en disfrute popular como espacio público, en salud de su fauna y flora, y en recuperación y conservación de todo el patrimonio ecológico, cultural, artístico y etnográfico que este río que nos da nombre como pueblo implica a su alrededor.
El Guadaíra y sus riberas no deben ser bienes susceptibles de especulación económica ni de privatización –afición esta de privatizar los servicios públicos muy seguida por nuestra corporación municipal últimamente- ni de excusa para la creación de entelequias burocráticas como la “Oficina Riberas del Guadaíra”, que no sirven más que para la colocación a “dedo” y como mostrador de cara a la galería electoral. El patrimonio alcalareño no debe ser tampoco pasto de las llamas de la “constructivitis” a toda costa; aquí, por adecentamiento, musealización y reintroducción del patrimonio –ya sea humano o natural- en la cosa de la res publica, parece ser que se entiende siempre por colocar mamotretos, mientras más grandes y más cuadrados mejor, encima de lo que se supone que se pretende recuperar. Alcalá no necesita grandes fastos ni grandes obras faraónicas que acaban convirtiéndose en el árbol que nos impide ver el bosque, que nos impide verlo aunque lo tengamos en nuestras propias narices, y como último ejemplo de ello –de momento, seguro aún habrá mas-, sirve la nueva biblioteca o el nuevo teatro, en las mismas faldas del castillo… la otra gran cuestión es si esa biblioteca será también excusa para cerrar la de la Casa de la Cultura, una de las pocas ventanitas abiertas al conocimiento que tenemos en nuestro pueblo, o la apertura de bibliotecas en los distritos.
En esta época de recuperaciones de memorias históricas –que algunos convierten en histéricas e incluso esquizofrénicas-, debemos encaminarnos también hacia la recuperación de nuestra memoria histórica cultural: debemos comenzar a condenar, no solo a los culpables de la eliminación física de nuestros antepasados, sino también a los culpables de haber intentado y seguir intentando acabar con el legado de estos: nuestra identidad. Nuestra identidad alcalareña y andaluza, esa que siempre nos pervierten con la tediosa muletilla de “universal” para diluirla en el totum revolutum de lo “español”.
¿Qué nos queda, como pueblo, de nuestro pasado? El castillo y el río nos los desvirtúan con aberraciones arquitectónicas, el Gandul nos lo urbanizan, los dólmenes nos los desmontan o nos los abandonan,…
A Alcalá se la llegó a conocer como la Ciudad de Talavera –en referencia a Juan de Talavera- por la gran cantidad de arquitectura regionalista y popular que llegó a atesorar a principios del siglo XX, ¿qué queda de eso? Alcalá llegó a ser la despensa de agua, pan –“Alcalá de los panaderos”- y aceite de buena parte de la comarca y más allá, ¿por qué no hay hoy en día musealizado ni visitable para su estudio un solo molino, una sola panificadora o harinera, un solo almacén de aceitunas, o una sola de las pocas edificaciones inglesas que nos quedan?...
El olvido común hace desaparecer la conciencia ciudadana, lo cual en democracia es peligroso y muy apetecible para algunos, y es algo en lo que nuestro Ayuntamiento tiene mucho que decir: los alcalareños y alcalareñas desconocemos nuestro pasado y nuestras más hondas tradiciones, desconocemos nuestro medio físico y cuánto del mismo se ha convertido en un puro vertedero, desconocemos nuestros yacimientos y el estado en que se puedan encontrar, desconocemos nuestros caminos públicos y vías pecuarias, desconocemos incluso los límites de nuestro territorio municipal o incluso si Guadaíra debe ser acentuado o no… Cada año, cada día que pasa, es una cuenta atrás en la pérdida de nuestro patrimonio y de nuestra identidad, ¿dónde vamos a poner el límite?

María José Lera Rodríguez
Vicente Miguel Pérez Guerrero
Jesús Pedro Bergara Varela
Francisco Cuberos Gallardo
Luis Ocaña Escolar
Francisco José Gavira Albarrán

Alcalá de Guadaíra, 29 de octubre de 2009

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