martes, 21 de abril de 2009

"Notas sobre la arquitectura escolar alcalareña. En defensa del Colegio "El Perejil"" (II)


Un perro andaluz.

“Notas sobre la arquitectura escolar alcalareña. En defensa del Colegio ‘El Perejil’” (II)

En esta segunda entrega se habla del colegio Pedro Gutiérrez. Edificio que, en cuanto a tipología de arquitectura escolar, es, junto con el Colegio Cervantes, el único ejemplo de reconocido prestigio que podemos encontrar en Alcalá. Su origen, 1926/28, se encuentra en la política de dotación de infraestructuras que se llevó a cabo durante la primera alcaldía de Pedro Gutiérrez Calderón (1924-30), en el marco de las Obras de Saneamiento y Urbanización Parcial bajo la supervisión y planos del arquitecto Juan de Talavera.
Las fuentes de inspiración del maestro Talavera fueron dos. Por una parte, su particular visión del regionalismo arquitectónico andaluz (neobarroco popular) que se inspira en las haciendas y cortijos de muros blancos. Por otra, las ideas higienistas e institucionistas, inspiradas en el ideal de la escuela al aire libre, de la Oficina Técnica para la Construcción de Escuelas (1920-1936). En este sentido, resulta muy interesante citar lo que la Memoria del Proyecto reconoce respecto a su ubicación que afirma “goza de las más convenientes condiciones, de independencia, aislamiento y ventilación...”, y del diseño del que se dice consta de “un extenso campo de juegos”, además de “una pergola o emparrao que une en fachada ambos grupos [el de los niños y el de las niñas] y puede ser utilizado como clase al aire libre durante el buen tiempo.”. Construcción de dos grupos escolares en Alcalá de Guadaira. Memoria. 25 de octubre de 1925.
Para poder hacerse una idea de la trascendencia que hubo de suponer la construcción de un colegio como el Pedro Gutiérrez, hay que recordar que las escuelas de entonces no eran más que locales improvisados. Ante esta situación generalizada, se creó desde el Estado la Oficia Técnica como organismo responsable de las construcciones escolares durante la Dictadura primorriverista y de la Segunda República.
Curiosamente, a pesar del prestigio de los arquitectos de la Oficina, Antonio Flórez, Torres Balbás, al que por cierto tanto admiraba Talavera, Benlliure..., y de la indudable importancia arquitectónica de sus construcciones escolares, estas no tardarían en ser duramente criticadas por una nueva generación de arquitectos que se abría camino “esgrimiendo los progresos de la nueva arquitectura internacional”. Una nueva sensibilidad sin la que, como se verá en la próxima entrega, no se entendería nuestro colegio Cervantes.

VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
21 de octubre de 2006

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