martes, 21 de abril de 2009

"Los fantasmas de la memoria histórica (III)"


Un perro andaluz

“Los fantasmas de la memoria histórica (III)”

Planteada la cosa en los términos en que la plantea la historiografía liberal-conservadora de este país, la “memoria histórica” no es un objeto histórico. O, al menos para algunos de sus más conspicuos representantes, “la historia es cosa muy distinta de la memoria” dice C. Iglesias (El País, 19/12/06); o, simplemente, “la memoria histórica no existe”, tal y como afirma J. Varela Ortega (ABC, 24/11/06).
Sin embargo, respecto a la primera de las afirmaciones, resulta evidente, en primer lugar para quien la hace, que si bien la memoria es una facultad subjetiva y, por tanto, no existe una Memoria sino memorias, que ésta al igual que la historia y a diferencia de la imaginación se hace cargo de lo que ha tenido lugar. Se entiende por esto que se diga “que existe una mutua relación y continuidad entre la memoria individual y la memoria colectiva que se erige a su vez en memoria histórica” (Léase el prólogo de A. Reig Tapia a la obra de F. Espinosa Contra el olvido, o mejor aún la entrevista que G. Aranzueque hace a “Paul Ricoeur: memoria, olvido y melancolía”. Revista de Occidente, nº 198, 1997).
En este sentido, la segunda de las afirmaciones “descansa”, por decirlo en términos de J. Aróstegui, “sobre una bien patente falacia”. Una falacia que encubre la existencia no de una sino de varias memorias históricas acerca de lo que fue la Guerra Civil española. Porque la cuestión clave, en efecto, no es otra que el desvelamiento de que “la misma memoria histórica no es sino una historia más, es decir, sujeta a los cambios que el paso del tiempo produce en las conformaciones sociales, al paso de las generaciones, a la acción de la evolución social y a la desaparición misma de los protagonistas de los hechos y que por tanto posee una vigencia que no tiene plazos distintos de los de cualquier otra dimensión social” (Cuadernos de Pedagogía, nº 362, noviembre, 2006).
La razón, en definitiva, del debate sobre la corrección de la expresión lingüística “memoria histórica” no es la de probar la existencia de varias memorias (la de la “exaltación”, la “reconciliación” y la “reparación”) acerca de la guerra de 1936, no es sino la de mostrar que por encima de estos “combates por la historia” está el derecho de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo a la verdad y la justicia.


VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
23 de marzo de 2007

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