martes, 21 de abril de 2009

"Los fantasmas de la memoria histórica (y IV)"


Un perro andaluz

“Los fantasmas de la memoria histórica (y IV)”.

Si ya cuando comencé esta serie creía importante para nuestra democracia el debate a que había dado lugar el proyecto de ley sobre la memoria histórica, hoy para terminarla me gustaría llamar la atención sobre las implicaciones morales de uno de los argumentos más frecuentemente esgrimidos por las partes. Me refiero al consabido “todos fueron iguales”, proposición que planteada con la ventaja de la conciliación tiende a repartir responsabilidades a partes iguales y a conformar, distinto es convencer, como conclusión a los unos y los otros. No cabe duda que esta “teoría del centro” ha coadyuvado a favor de lo que se ha dado en llamar el espíritu conciliador de la transición, pero no podemos de dejar de subrayar, desde una perspectiva historiográfica, que esta es la teoría de “los vencedores” y que, en justicia, resulta depravada. En tanto en cuanto, en la guerra civil española sufrieron, una guerra que por cierto se prolongó (al menos el estado de guerra) hasta 1948, vencedores y vencidos hemos de mostrar compasión por unos y otros. Sin embargo, tal y como advierte Reyes Mate (Hoy, 20/11/06), no todo el que sufre es víctima y, por tanto, el reparto igualitario de culpas nos convierte en cómplices de los verdugos.
En este sentido, el “proyecto del Gobierno socialista” no hace justicia a las víctimas, pues no hace distinciones entre agresores y agredidos. Creo que esta es la clave, más allá de la brutalidad del olvido de cuán desproporciona fue la sangre vertida por la acciones de guerra y represión de los sublevados, partir del recuerdo de las víctimas para echar en el olvido quien produjo tanto dolor. A mayor abundamiento, según A. Reig Tapia, «sólo seremos capaces olvidar si no nos olvidamos de recordar» (La cruzada de 1936. Mito y Memoria. Alianza Editorial, 2006). Mientras que para P. Ricoeur, «el verdadero recuerdo precisa un trabajo correctivo y, al mismo tiempo, terapéutico de la memoria. A mi juicio, el olvido compasivo supone una terapéutica de la memoria enferma.» (Revista de Occidente, nº 198, 1997). Pues, en definitiva, tal y como se desprende de su origen etimológico, recordar (Del lat. Recôrdárí; deriv. de cor. “corazón”), significa volver a pasar por el corazón (Corominas, Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Gredos, 1980). Por todo lo cual, creo más en la oportunidad que en el contenido de este proyecto de ley sobre la memoria histórica porque podemos conversar, discutir, disentir, pero debemos llegar a perdonarnos.


VICENTE M. PÉREZ GUERRERO
18 de abril de 2007

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